(Ferrara,
1912 - Roma, 2007) Director de cine italiano. Unos planos largos y espaciosos
van siguiendo a sus personajes hasta que su esencia se revela a la mirada. A
través de una inmovilidad calmosa, las tomas transmiten la despótica presión
que el tiempo ejerce sobre las emociones del ser humano. Así puede resumirse el
cine de Antonioni. En 1960 cosechó su primer éxito internacional, La aventura, que supuso la
culminación de la madurez tanto de su estética irrepetible como de sus temas y
estilo de cámara. El tema dominante de La
aventura -y de las otras dos
películas que componen la llamada trilogía de Antonioni, La noche y El
eclipse-, así como de la posterior El
desierto rojo (1964), se
centra en la esterilidad emocional del hombre moderno, en su inútil intento de
afirmarse en un mundo tecnológico. Es uno de los artistas del cine de posguerra
dotados de más talento para la creación.
Nacido
en el seno de una familia de clase media, cursó estudios de Filosofía y Letras,
Economía y Comercio en el Instituto Técnico de Bolonia. Se dedicó
inmediatamente al periodismo en calidad de crítico cinematográfico en las
páginas del diario Il Corriere Padano. Marchó a Roma a finales de los años
treinta y continuó su labor cinematográfica en la revista Cinema.
Sus
primeros pasos en el cine los dio como ayudante de dirección en 1942, en
películas como I due foscari,
de Enrico Fulchignoni, y Le
visiteur du soir, de Marcel Carné; y como guionista en Un pilota ritorna, de Roberto
Rossellini. La guerra interrumpió su trayectoria hasta que regresó a las mismas
tareas con Caccia tragica (1947), de Giuseppe de Santis, y de
nuevo como colaborador en las revistas de cine Film Rivista y Film d’oggi, así
como en el periódico Italia Libera.
El
cortometraje le permitió desarrollar sus primeros trabajos personales (resultó
muy importante Gente de Po,
1947, por el realismo de la vida en torno al río) hasta que dio el salto al largometraje
con Cronaca di un amore (1950), punto de partida de una mirada
diferenciadora sobre la vida social que arraigó con fuerza inusitada en su
obra: los amores imposibles, la fuerza de la mujer… No extrañó pues ver cómo
aquellos personajes que se sienten ignorados tienden a buscar notoriedad (Il
vinti, 1952) mientras que otros no lograron superar su convencionalidad (La
signora senza camelie, 1953); tampoco extraña el hecho de que Antonioni
fuera capaz de asumir el pesimismo de la obra de Cesare Pavese (Las amigas,
1955) y darle el enfoque que justifica la acción como búsqueda, como necesidad
de perfección.
A
partir de La aventura (1960), inició y consolidó un periplo
por el universo de la incomunicación del hombre en la sociedad en la que
pretende sobrevivir. Por eso, más allá de explicaciones innecesarias (en muchas
de sus obras quedan en el aire temas sin resolver), sigue con la cámara, como
extensión de su mirada, el deambular de los personajes en su fragilidad, en sus
ineludibles fracasos que no son más que una proyección del vacío que les
envuelve.
Incorporó
un elemento visual determinante en sus propósitos: la sensualidad emanada de la
que fue su musa durante unos años, Monica Vitti. Así construyóLa noche (1961), El eclipse (1962) y El desierto rojo(1964), en años
de gran intensidad creativa que le llevaron a tratar un mismo tema desde
perspectivas complementarias: la indiferencia impide constatar la dicha de ser
amado, y la vida confirma que la cercanía no evita el desconocimiento. La vida
significa 'fracaso' para Antonioni.
La obra de Antonioni se vio inmersa en la corriente crítica que analizó todo
aquello que se entendía como canalizador de ideología renovadora o de
izquierdas en general. Cada una de las películas del director italiano se vio,
pues, delimitada por unos patrones que se entendieron más allá del propósito
del propio autor. Antonioni propuso siempre una reflexión sobre su entorno,
sobre la sociedad que le sofocaba, que le aislaba de otros personajes (cercanos
o lejanos) que se movían a la par. Para ello intentó transmitir en cada plano,
en cada situación, esas inquietudes que le mantenían intelectualmente vivo. Sus
películas son desencantos, están repletas de pesimismo, de acritud, y cada
personaje transmite la indiferencia y se rebela en la incomprensión.
Las
referencias visuales de Antonioni se construyen sobre silencios y miradas
vacías que nunca se encuentran. La inseguridad y la tragedia interior de sus
personajes busca soluciones irreversibles. Es la vena existencial de un director
que creyó necesario aprovechar el cine para transmitir el vacío del alma, el
caminar de hombres y mujeres sin rumbo fijo, incapaces de superar su angustia,
su decepción por la vida que llevan, aunque sea la mujer la que se reafirme
sobre el hombre. Todo ello a partir del uso del plano como lugar de
encuentro-desencuentro, en el que el tempo de la historia se dilata hasta lo
indecible y sumerge al espectador en un estado que el mismo director asumió
como “aburrimiento”, y que la crítica pretendió valorizar mucho más que el
propio Antonioni.
En
el Festival de Cannes, marco en el que seis años antes había sido abucheado,
obtuvo
Zabriskie Point (1970) y El reportero (1975) retomaban algunos elementos de
su cine, pero no progresaron en ellos, mientras que El misterio de Oberwald (1980) no dejaba de ser para muchos un
experimento televisivo, e Identificación
de una mujer (1982), una
historia sin fuerza. El intento de Wim Wenders de recuperarlo para la dirección
en Más allá de las nubes(1995),
codirigida por ambos, no fue suficiente para que una nueva generación de
espectadores mostraran su interés por el director de Ferrara. En enero de 2000
publicó el libro Comincio a capire,
en el que resume 50 años de su vida artística.
-Director de Fotografia en "La Notte" De Antonioni-
-Gianni di Venanzo-
(Teramo, 1920-Roma, 1966) Operador de cine italiano. Considerado desde 1942 uno de los mejores directores de fotografía del cine italiano, trabajó sobre todo en películas neorrealistas:Ossessione (1942) y La terra trema (1948), de Visconti; Roma, ciudad abierta (1945) y Paisà (1946), de Rossellini; Ocho y medio (1962) y Giulietta de los espíritus (1965), de Fellini. Su último filme fue Mujeres en Venecia (1966), de J. Mankiewicz.



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